Por qué no me hipotecaría, si pudiera:

1.       El contrato de préstamo hipotecario es un contrato de adhesión, o sea, lo redacta el banco sin intervención del prestatario:  o firmas, o no tienes préstamo, tú no intervienes en la redacción del contrato

2.      Por lo anterior, la entidad prestataria introduce, según sus únicos intereses, sus comisiones, sus cláusulas (atención, ¡la cláusula suelo sigue siendo legal!). En caso de litigio la entidad decide la ciudad donde se dirime el litigio, por lo que te puedes ver obligado a viajar si quieres asistir al juicio. Etc.

3.      Según el Real Decreto de 24 de julio de 1889 (o sea, ayer), texto de la edición del Código Civil, en su Artículo 1911: “Del cumplimiento de las obligaciones responde el deudor con todos sus bienes, presentes y futuros“. O sea, que si no pagas y la entrega de la vivienda no basta para cubrir la deuda pendiente, como de hecho así sucede, te pueden perseguir hasta que te mueras para que pagues, respondiendo con sueldos, pensiones y propiedades presentes y futuras

4.       Los avalistas. El contenido del punto anterior se extiende también a los avalistas. Ya de por sí, no debería haber avalistas, la vivienda debe ser suficiente garantía del préstamo, sin recurrir a nada más.

Por estas razones, no recomendaré a nadie de mi familia, ni a ninguna otra persona, que se meta en un crédito hipotecario, hasta que no cambie la ley, y la propia vivienda sea garantía única y total por el préstamo.

Os esperamos este domingo a las 10:30, como siempre, en la Montañeta.

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